Cuando estudiábamos Ingeniería Civil Industrial era habitual analizar complejas teorías físicas, ecuaciones y modelos matemáticos, ahí aparecía mi amigo personal Isaac (era de apellido Newton) con su teoría de la gravedad, una de las explicaciones más trascendentes de la historia, sin embargo, lo más interesante no fue solamente la teoría, sino la simpleza de su origen, tan simple como observar caer una manzana rojas, desde esa observación cotidiana nació una explicación que cambió el mundo.
En logística ocurre exactamente lo mismo, muchas veces creemos que mientras más complejo “Around the World” sea el procedimiento, informe o modelo, más profesional parece (y para algunos entre más hojas tenga este mas capo), sin embargo, la realidad operacional demuestra todo lo contrario, las mejores operaciones logísticas normalmente son las más simples, claras y entendibles.
Hoy vivimos en un entorno extremadamente dinámico, las cadenas de suministro enfrentan inflación, cambios tecnológicos, inteligencia artificial, automatización, interrupciones globales, congestión portuaria, restricciones de transporte y clientes cada vez más exigentes, frente a este escenario, muchas organizaciones han reaccionado agregando más procesos, más reuniones, más controles y más burocracia, el problema es que en ocasiones terminan complejizando los temas en vez de hacerlos simples.
En deLogística siempre hemos sostenido que simplificar no significa hacer las cosas livianas o sin fundamentos, simplificar significa lograr que todos entiendan el propósito, el flujo y la lógica operacional de manera clara, una cadena logística eficiente no es aquella que tiene más procedimientos, sino aquella donde las personas saben exactamente qué hacer, cómo hacerlo y para qué hacerlo.
La logística nace en terreno, resulta muy difícil comprender verdaderamente una operación solamente desde una oficina o desde un software, la observación constante de las operaciones sigue siendo la principal fuente de aprendizaje logístico, ver cómo se mueve una carga, cómo reaccionan los equipos, cómo fluye la información y cómo se generan los cuellos de botella sigue siendo insustituible hasta ahora.
Pero observar no basta, también se necesita una visión sistémica de la cadena, por eso desarrollamos hace años el concepto de Carta de Navegación Logística, que busca explicar de manera simple cómo interactúan el abastecimiento, la operación, la distribución, el flujo lógico, el flujo físico, la logística inversa y la planificación de la demanda, todo conectado, todo visible y, sobre todo, entendible.
Uno de los grandes errores modernos es creer que digitalizar es automáticamente mejorar, hoy vemos empresas llenas de dashboards, indicadores y plataformas, pero cuyos equipos siguen desalineados, en términos simples (valga la redundancia) la tecnología sin comprensión genera ruido, sin embargo, la tecnología con simple genera valor.
En muchas organizaciones todavía existe la cultura de que mientras más hojas tenga un procedimiento, más completo es, sin embargo, la tendencia mundial apunta exactamente al sentido contrario, menos burocracia, más claridad visual, procesos simples, lenguaje común y objetivos claros.
En logística el lenguaje común es fundamental es como el idioma en un país, por ejemplo; si abastecimiento entiende una cosa, transporte otra y ventas una distinta, inevitablemente aparece la descoordinación, lo que muchas veces hemos dicho que es una entropía logística (como en química). Por eso el simplificar como nuestro amigo newton también es una herramienta de liderazgo.
La logística finalmente es lógica aplicada al movimiento, al servicio y a la coordinación, y como toda lógica, debe ser comprensible, muchas veces un simple flujo, un esquema claro o una conversación honesta generan mejores resultados que una presentación de cien páginas con todas las cosas aburridas o fomes según sea el caso que al final quedan archivadas, en fin, creo que todos sabemos lo que es.
Todo esto parece obvio, pero justamente lo obvio suele ser lo más difícil de explicar, ahí está el verdadero desafío de liderar operaciones modernas:, hacer simple lo complejo sin perder profundidad técnica.
PD: En tiempos donde todo parece acelerado y complejo, quizás el verdadero diferencial siga siendo explicar las cosas “con manzanitas”. La claridad sigue siendo una de las herramientas más poderosas del liderazgo.
Rodrigo Rojas Toledo para deLogística
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