En deLogística solemos hablar de puertos, trenes, camiones, centros de distribución, inventarios y cadenas de suministro. Sin embargo, existe otra logística que rara vez aparece en los indicadores de gestión y que probablemente es la más importante de todas, es la logística de las personas, la logística que mueve abrazos, emociones, recuerdos y esperanzas, la logística que realizan miles de padres y madres alrededor del mundo para estar junto a sus hijos.
Muchas veces imaginamos la logística únicamente como una actividad industrial asociada al movimiento de productos y mercancías, sin embargo, existe una logística silenciosa y profundamente humana que ocurre todos los días, es aquella que obliga a recorrer cientos de kilómetros, tomar buses durante la noche, combinar distintos medios de transporte, reorganizar horarios laborales o sacrificar horas de descanso con tal de compartir unas pocas horas con quienes más amamos.
Para algunos son trayectos de una ciudad a otra, para otros son viajes entre regiones, para muchos trabajadores de la minería, la logística, el transporte, la construcción, la pesca o la agricultura, son semanas lejos de sus hogares esperando el momento de volver a abrazar a sus hijos.
La distancia puede cambiar, el amor no.
Por eso, en deLogística queremos visibilizar esta realidad que rara vez aparece en los reportes de gestión, es una realidad donde existen verdaderas cadenas logísticas impulsadas por algo mucho más poderoso que cualquier tecnología o infraestructura: el amor de una madre o un padre.
No importa si el viaje es unimodal, bimodal o multimodal, no importa si el trayecto se realiza en bus, automóvil, tren o avión, lo que importa es el propósito, y pocas razones son tan poderosas como llegar a tiempo para ver crecer a un hijo.
La historia que compartimos es completamente real, es la historia de un padre que durante años recorrió cientos de kilómetros cada quince días para mantener vivo un vínculo que ninguna distancia pudo romper.
Una historia de terminales de buses, madrugadas frías, lluvia sureña, largas esperas y kilómetros recorridos, pero sobre todo, una historia de amor.
Historia Real: “La travesía logística al sur” (contado en primera persona)
“Siempre recuerdo el día que nació mi hijo, aquel día de invierno yo trabajando en Santiago y él naciendo en una ciudad de la IX región, fue miedo y felicidad a la vez. Lo primero que hice fue pedir permiso en el trabajo para viajar y esperar su llegada, fue emocionante mi primera logística en Bus para llegar antes de que naciera, viaje toda la noche para llegar esa madrugada a las 6:30 A.M de ese día memorable, yo cansado del viaje y sin poder dormir mucho pensando si nacerá bien, si estará bien, si tendrá hambre, si tendrá frío etc., un sinfín de interrogantes para un primerizo independiente, soltero e inclusive inmaduro; sin embargo, ahí estaba con todos mis miedos esperando a la pulga, al piojo, al enano, etc. todos los adjetivos calificativos habidos para ejemplificar lo que no conocía. Llegué en medio del frío y la lluvia del sur de Chile, pero llegué y ahí estaba, como dirían los logísticos cumplimos y llegamos a tiempo para ver como nacen nuestros hijos, la primera vez que lo ví supe que no nos separaríamos más y esto es literal, en toda la magnitud de la palabra.
Así fue como pasaron los años, estuvo conmigo en Santiago un par de años después de ese acontecimiento, hasta que se fue al sur de vuelta definitivamente con su madre a 700 km, lo cual por un contrato legal y frío quedamos que cada 15 días a firme podía ver a mi hijo, simplemente todo un desafío logístico, sin embargo, el amor definitivamente más fuerte.
En la primera ciudad de la IX región que vivió solo llegaban buses, aquellos que tenían solo un horario, recuerdo a las 23:55 los días viernes y llegaban a las 06:00 A.M el sábado en aquella ciudad sureña donde con suerte abren un local a las 10 A.M; así que cuando llegaba esperaba 4,5 horas en el terminal de buses. ¿Por qué? Porque legalmente debía recoger a mi hijo a las 10:30 A.M, muerto de frío, sin embargo, esa no era mi preocupación, sino que no estuviese lloviendo en aquella pequeña ciudad ya que como iba en bus los recorridos y juegos los debíamos hacer a pie, caminando, por lo que no quería que mi pequeño hijo de 4 años y medio se resfriara, ahí mi preocupación, recuerdo que teníamos hasta las 20 hrs, de ahí me iba al terminal de buses a esperar que mi bus saliera a las 22 hrs con destino a Santiago.
De estos viajes tengo algo que me marcó para siempre, llegué a aquella ciudad después de viajar toda la noche un viernes saliendo del trabajo como siempre, y habían 2°C de temperatura y lluvia, yo rogaba en el bus que cambiara el clima y poder sacar a mi chiquitito a pasear y jugar a la pelota; sin embargo, el clima no cambió y cuando llegué igual (a las 10:30 A.M) a golpear en aquella casa a buscar a mi hijo, solo para decir, mejor que mi chiquitito se quede en casa que hace mucho frío yo me devuelvo a Santiago, y él observándome en la ventana me miró, entró a la casa a buscar una bufanda, doble parka y me dijo con su carita : “papá, vamos que estoy listo y abrigado”, se me apretó el corazón y supe que mi hijo es el mejor logístico del mundo, mi esfuerzo no es nada al lado del que hizo él. Los niños siempre nos enseñan.
En los últimos 8 años he viajado en todos los medios de transporte menos el marítimo, porque la ciudad en donde vive mi hijo no tiene mar, si lo tuviese llegaría nadando, hasta el día de hoy ese chiquitito –con 13 años ya- sigue como el primer día que se fue al sur, esperándome y yo esperando verlo como el primer día.
Mi hijo calculó –como buen matemático- que he dado 60 veces la vuelta a Chile completo estos años, sólo para vernos, somos uno, somos familia, somos hogar, si no fuera por mi hijo ni siquiera estaría contando esta historia real llena de vida. Te amo hijo mío.”
Atte.
Papá Anónimo pero Real (más conocido como Anónimo Conocido)
Porque estar presente no siempre significa estar cerca, a veces significa recorrer la distancia necesaria para llegar.
UNA LECCIÓN QUE LOS HIJOS NOS ENSEÑAN
Quizás una de las mayores enseñanzas de estas historias es comprender que los hijos también realizan sus propios esfuerzos, esperan, confían, cuentan los días y preparan abrazos.
Al final, la logística más importante no mueve carga ni mercancías, mueve emociones, recuerdos y familias.
Y cuando los años pasan, los kilómetros dejan de importar, lo que permanece son los momentos compartidos, porque existen viajes que generan rentabilidad, y existen viajes que generan algo mucho más valioso: amor, familia y propósito.
Abrazos desde deLogística
“Las mejores cadenas logísticas no siempre conectan empresas; muchas veces conectan corazones.”